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Publicado: 10 Mar 2008 9:35 am
Con dieciséis años me quitaron un lunar en la espalda. Tenía mala pinta. Así que lo rebanaron y me cosieron muy bien cosidita. Al final no era malo como parecía, se quedó en la apariencia. Lo que no debí quedar es tan bien cosidita como pensaba. Porque los puntos se abrieron, y aquel lunar del tamaño de una lentejita quedó convertido en una cicatriz del tamaño de los antiguos duros. A mí se me olvida, sólo me acuerdo cuando en verano estando en bañador alguien me pregunta qué me ha ocurrido en la espalda. ¿En la espalda? Nada, ¿por qué? Ah! Eso!.... Claro, es lo que tiene. Es una cicatriz que no me veo. Y si no la veo, no existe.
Yo no tengo demasiadas cicatrices. Alguien me dijo alguna vez que la piel lesionada en forma de cicatriz nunca deja de picar. El picor mejora con el tiempo, pero nunca desaparece. A mí en la espalda no me pasa. La otra sí me molesta. De vez en cuando.
Esa tarde me sentí como una mierda. Ahora te vas a enterar. Tengo un castigo a tu medida. Había despistado una receta hace tiempo, y la había canjeado por la cajita de ansiolíticos. Sé que me las tomé con agua. Todas. Es mucho más fácil de lo que pueda parecer. Cápsulas chiquititas muy sencillitas de tragar. En un momento. Después me encerré en mi cuarto. ¿Y si no despiertas? Eso no lo había pensado. Tarde, ya es tarde. Me tengo que despertar. Esto es sólo un castigo. Tu hermana no puede entrar aquí mañana y ver que no te despiertas. Tus padres no pueden recibir una llamada viviendo al otro lado del mundo con esa noticia. Si tú no te despiertas ellos van a pensar que fue por su culpa. Duérmete ya. Que esto duele demasiado. Que yo no puedo pensar si estaré mañana. Que ahora lo que no quiero es pensar. Ahora descansa. Duerme. Duérmete ya.
La mañana siguiente llegó. Y oí el despertador. Y llegué a la facultad. A duras penas. En clase me dormía. Me sacaron hasta un bar. Allí estaba mi hermana. Dejo de tener recuerdos. ¿Qué te has tomado? Y vuelvo a despertar en mi cama. Está mi novio de entonces en la habitación. Me agarra por los hombros, me zarandea y me grita. Creo que me pide explicaciones. Déjame en paz. Pídelo de otra manera. Ahora un tercer grado no. Ahora me asombra mi estómago. Se emborracha con dos cervezas, pero en cambio los fármacos los aguanta muy bien. Ni un lavado de estómago ni una visita del médico. Nada. Sólo unas horas de sueño. Y qué no se arregla con unas horas de sueño. Eres un campeón. Volví a mirar al de los gritos. No sé cómo se ha enterado. Debí contárselo a mi hermana. Ella, que suele ser tan reservada. Por favor, no se lo digas a mamá. Verás cuando se entere mi psiquiatra. Me hablará de suicidios. Que no, que no era eso. Ella no me entiende. Para empezar, que se deje de pastillas. Que ya me he tomado suficientes.
Esa herida la cosí yo. Y sí quedó bien cosida. Nadie ve la cicatriz, nadie salvo yo, que alguna vez, cuando me miro al espejo, la veo, y me afea.
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Publicado: 10 Mar 2008 2:42 pm
Fue a mí a quien le tocó decirle a mi amiga que su novio había sido visto en varias oportunidades compartiendo entusiastamente con una chica de apreciables atractivos. Yo hubiera deseado ahorrarme y, sobre todo, ahorrarle a ella aquel desagradable momento, pero me habían designado para enfrentarla a ella con su verdad, de la manera más patética y cruda. Se lo dije. Y tras hacerlo, lloró como una Magdalena. Aunque nunca supe cómo era el llanto de aquella pecadora, cuando ví a Susana (así se llama mi amiga) hacerlo tan despellejadamente, sentí particular compasión por aquella mujer, a la que Jesús sugirió apedrear, en caso de que quienes lo hicieran se sientieran libres de pecado. Tuve que consolarla (no a Magdalena, sino a mi amiga), y explicarle algunas técnicas para sobreponerse al desengaño y disponer un corazón destrozado para volver a amar. No estoy segura de si hice o no lo correcto, pero lo cierto es que ella se sobrepuso mucho más rápido de lo que yo esperaba. Pues, apenas dos semanas más tarde, estaban ambos juntos y felices, mientras yo aún conservaba en la boca el sabor amargo dejado por la desgarrante verdad que tuve que decir a Susana. “Déjame explicarte”, me dijo, como si debiera justificarse ante mí por su rápida reconciliación. “Hablé con él, y me explicó que entre ésa mujer y él nunca pasó nada”. Admitió que salieron juntos durante un par de meses.”Es verdad que salíamos a cenar, a bailar, nos íbamos de fin de semana... y hasta dormí con ella en no más de seis oportunidades... pero entre nosotros no pasó nada más”, fueron las palabras pronunciadas por él, que indujeron a Susana a reanudar su valiosa relación. No sé qué significa la palabra “nada” para ellos, pero a mi amiga le bastó su juramento y se atrevió a defenderlo con el argumento: “Fue sólo un juego, y yo lo entiendo. Es que al final todos los hombres son iguales. Y hacen las cosas inocentemente”. Yo sólo sonreí, y antes de despedirme de ella con un beso en la mejilla, le dije: “las mujeres también”. Y me fui
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Publicado: 10 Mar 2008 3:45 pmTítulo del mensaje: PAPÁ
Esta semana han coincidido una serie de circunstancias, el asesinato de Isaías , la muerte
del padre de nuestra querida abuelita Pepa, que me han hecho rememorar la figura del
que fue mi guía y mi modelo durante toda su vida.
Se habla mucho, con toda justicia, de la figura de la madre, pero a veces dejamos de lado
a la otra mitad de nosotros mismos, nuestro padre . Papá , palabra divina, llena de matices
y sabores de miel y canela. Papá ejemplo de fuerza sin violencia, autoridad sin imposición
respeto sin miedo. Papa, fuerte como una roca, pero tierno como el seno materno, papá,
predicando con el ejemplo de tu respeto y de tu cariño hacia tu esposa, hacia tus hijos, hacia ti mismo.
Amante de la buena mesa y los buenos vinos, me enseñaste a beber y a vivir me brindaste la copa de tu amor,
de tu alegría, de tus inmensa humanidad.
De niño soñaba ser como tú. admiraba tu fuerza, tu sabiduría, tu equilibrio, y sobre todo tu
capacidad de amar, amabas a tu familia, amabas tu trabajo, amabas a todo el que se acercaba .
Me encantaba competir contigo, y cada vez que me ganabas, yo me sentía orgulloso de tu
fuerza y de tu destreza, riendo mientras corriamos por la calle como dos niños traviesos. Nunca te
dejaste ganar, cosa que te agradezco enormemente, porque así me incentivabas y me hacías
superarme. Cuando una noche, la muerte enamorada te arranco de mí, supe que nunca seria
ni tu sombra, que eras el mejor y que siempre serias mi ejemplo, pero ahora, cada año que
pasa me reconozco mas en ti, mis gestos, mis pensamientos, la forma de amar a mi familia
y de sentir la vida, es cada vez más la tuya, llegué a desesperarme por tu ausencia, pero ahora
sé que nunca te fuiste, que siempre estuviste a mi lado, que te veo cada vez que me miro en el
espejo
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Publicado: 10 Mar 2008 9:40 pm
Se despereza cual gata, mira a su alrededor y vuelve a sumergirse en el mundo de los sueños. O lo intenta. De cualquier manera hoy es su día, por lo tanto se lo va a tomar como tal. Planea levantarse tarde, hacerse unas tostadas con mantequilla y mermelada de fresa (su favorita). Lo colocará en una bandeja y desayunará en la cama. Leerá el periódico con parsimonia, sin prisa alguna.
Se introducirá en el baño, debajo de la ducha, con el agua tan caliente como a ella le gusta. Se embadurnará de espuma durante largo rato. Cuando se canse de estar mojada suavizará su piel con aceites perfumados y se enfundará en prendas cómodas para ir a dar un largo paseo bajo los rayos de su amigo soleado.
En el momento en que sus pies necesiten un descanso, aposentará su cuerpo en cualquier sitio vestido de verde y reposará.
Naturalmente llegará la hora de volver al hogar y lo hará nuevamente si prisas, ni carreras, ni sofocos. Caminará por caminos bordeados de flores, o no, mirando a las personas, a las cosas, a todo. Se llenará de miradas, de escaparates, de colores y así, sin darse cuenta habrá arribado a puerto.
Se preparará una comida sabrosa, con verduras variadas, con pescado fresco y jugoso, con ensalada aromatizada y disfrutará como una niña con zapatos nuevos.
Se tomará un café con pastas, no demasiadas. Más bien una, pues no son santo de su devoción. Pero lo tomará todo tan a gusto que la digestión será placentera, seguro.
Se acomodará en su sofá preferido con el último libro en sus manos (aquel que siempre quiere acabar y no puede) y leerá hasta hartarse, mientras “ Nana” le regala los oídos…
Acaba de abrir los ojos y ¡oh, sorpresa!, mirando el reloj se da cuenta de que es hora de levantarse e ir a trabajar. Hasta hoy ha de ir a perder unas horitas. Hoy, que es el día de la mujer trabajadora, ella hace honor cumpliendo con su deber. ¡Ay! Suspira comprendiendo que sólo era un sueño, que era un día onírico y no real. Comprende que las mujeres no tienen día, y menos si son trabajadoras…
Hay ciertas cosas en las cuales una mujer ve siempre más a fondo que cien ojos de hombre.
G. El Lessing
El primero que comparó la mujer a una flor, fue un poeta; el segundo un imbécil.
Voltaire
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Publicado: 11 Mar 2008 9:17 am
A veces hay algo que no va bien. Bueno, casi siempre, sólo hay que ver un telediario o abrir los ojos caminado por la calle. Con un poco de mala suerte hasta mirando por la ventana. Pero se lleva peor cuando lo que no va bien es uno mismo. Aunque uno sea mucho más insignificante que el mundo en general. Pero paradójicamente nos damos mucha más importancia. Y con razón.
Cuando yo no estuve bien, intenté arreglar las cosas yo sola. Como siempre. Mi madre dice que de lo primero que aprendí a decir fue eso mismo, yo solita. Pero se me fue de las manos. Tanto que ya hubo un momento en que no pensé que fuera a haber marcha atrás. Y un momento en que dejé de intentarlo. Y entonces pedí ayuda.
Cuando Pablo era algo más pequeño y quería ser muy rápido, siempre se ponía sus deportivas rojas, porque corrían más. Y si algún niño le ganaba alguna carrera, cosa bastante frecuente, se fijaba bien en qué deportivas usaba, para pedirlas cuando las rojas se rompieran. Igual que cuando se empeñaba en jugar al tenis, y no daba una, y yo mientras, era capaz de dar un montón de toques seguidos con la raqueta. Y me miraba y me decía "mamá, ¡cámbiame la raqueta!".
Cómo son los niños. Pues igual que los adultos. Que muchas veces vemos en las ayudas lo que mi hijo en las deportivas rojas.
Yo comencé con la ayuda mirándola como quien mira esas zapatillas. Aunque con algo de escepticismo, la verdad, que con dieciocho años ya está una mayor para milagros de ese tipo. Y yo intentaba hablar de las gilipolleces de las que quería que hablara. Y me tomaba las pastillas que me mandaba. Y me mentalicé para estar dos o tres años en terapia. Eso me dijo mi ayuda. Pero según iba pasando el tiempo, y después del pequeño incidente de las pastillitas esas tan monas que se tragaban tan bien, pensé yo que menuda mierda de zapatillas, si la que corría, la que se sentaba, la que se cansaba o la que ganaba alguna que otra carrera era yo. Y no ellas. Así que empecé a tomar yo las riendas. Y me marqué yo mis metas. Le dije a mi ayuda que consideraba que ya no necesitaba medicación. Ella me dijo que consideraba que sí. Pero que yo decidía. Y yo decidí. Y no pasó nada. Ni bueno ni malo. Pasaba cada día lo que yo hiciera que pasara. Un pas de meses después salí de la consulta, y no me despedí, pero decidí que no volvería más. En total ocho meses. Y nunca más volví a entrar por esa puerta. Y cuando me pienso me cuesta mucho reconocerme. Lo que no sé es por qué me sigo pensando. Supongo que porque es imposible dejar de hacerlo, por todo lo ancho y lo largo de mi propia historia.
Es curioso cuando pensamos que dependemos de algo de ahí fuera. Que si nadie nos lanza un salvavidas nos ahogaremos en mitad de una piscina. Que si somos infelices es porque nos han dado la raqueta mala. ¿Pero por qué esperas un salvavidas si sabes nadar? ¿Pero qué coño tiene que ver una raqueta con la felicidad?
Y las ayudas son necesarias. Vengan de fuera o de dentro. Pero no esas milagrosas de las que lo esperamos todo. Sino esas que no se dejan idealizar. Esas que redirigen toda esa fé depositada, hacia quien realmente tiene el poder para cambiar el mundo. O su mundo. Uno mismo.
Y ahora, sigue entrenando. Y corre, y vuela, atleta.
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Publicado: 12 Mar 2008 8:37 am
EL ABRECARTAS ( PAT)
Mi marido se hizo socio de Círculo un domingo por la tarde en que un estudiante de medicina llamó a nuestra puerta. De eso hace unos cinco años. Que mucho decir que soy una blanda, pero el que no supo decir que no fue él. Eso sí, la que hace el pedido cada dos meses soy yo, que él ya se suscribió a Autopista y tiene lectura cada jueves.
La dinámica es siempre la misma. El que sigue siendo un talludito estudiante de medicina me deja la revista en el buzón, y en la hoja de pedido me anota el día en que pasará a recogerlo. Yo echo un vistazo, pienso unas cuantas cosas pero no sólo anoto mis preferencias sino que pierdo la hoja. Y cuando pasa aquel que nunca será médico a recogerlo, busco la revista lo más deprisa que puedo, y elijo lo primero que pillo, mientras intento que los niños no se me escapen de casa a medio vestir después del baño.
Hay dos temas que yo intento evitar a toda costa, tanto en cine como en literatura. Porque considero que ya he leído suficiente. Porque considero que seguir leyendo no es más que un gusto por recrearme en el dolor. Y siempre en el mismo. Con la cantidad de dolores que hay por ahí. Esos temas son el holocausto y la guerra Civil. El caso es que el último libro que leí fue El Niño del Pijama de Rayas, y cuando llegó el libro que elegí al buen tun tun, El abrecartas, y leí la sinopsis (que queda mucho más elegante que resumen), dejé el libro sin quitarle el envoltorio sobre un altavoz del equipo de música, y ahí se quedó durante un par de semanas.
Pero leer durante dos semanas en el metro los diarios gratuítos, ha hecho que por puro instinto de supervivencia, me atreviera a sacar el envoltorio y a comenzar ese libro. Comienza con unas cartas que dirije un hombre al que fue un compañero de colegio y juegos en Fuente Vaqueros. Y mientras leía aquellas primeras cartas, la nostalgia de la infancia lejana y corta, la sinceridad de quien ha perdido, el cariño y la admiración intactas, y la belleza de la inocencia, con tan bonitos versos de fondo, supe que no podría quedarme con ese libro que ha robado mi cariño desde sus primeras páginas. El libro ya tiene dueña. Mi cuñada Loreto. Esa filóloga amante de las letras, que bordó sus cortinas con versos de Lorca, y que barajaba Federico como nombre para el niño que esperaba antes de que hace una semana tuviera que abortarlo cuando una ecografía revelara que ese pequeño no era compatible con la vida.
Eso sí, mi próximo pedido ya está relleno y a buen recaudo. Un libro de cuentos de Woody Allen. Que ya vale de romper principios. Y eso que no he contado que el domingo pasado ví Las trece Rosas. Ya está bien, Pat, ya está bien...
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Publicado: 12 Mar 2008 11:57 am
EL LIBRO MÁGICO
De las páginas brotaban ilusiones, paisajes, personajes entrañables u odiosos. De las hojas tupidas de letras nacían sentimientos que se apoderaban de ella por entero.
- ¿Dónde encontraste ese libro? le pregunta una voz desconocida…
- Pues no recuerdo bien…a ver...creo que lo he tenido siempre…
- No. Le dice la voz. Antes no estaba junto a los demás. Piensa en ello.
- Bueno, la verdad es que no lo recuerdo, pero en realidad da lo mismo. Me gusta.
La voz era clara pero ambigua. La niña no podría asegurar si se trataba de la voz de un hombre o de una mujer. Solo sabía que era dulce, profunda, cariñosa…
La niña pensó que todo era producto de su imaginación, sobre todo al ver que en su habitación no había nadie más que ella, sus libros, sus figuritas, sus cosas de siempre y…el libro…
Era un libro pequeño, de lomos plateados con mariposas de colores en sus tapas y una especie de arco iris de fondo, pero no un arco iris normal. Este era de diferentes tonalidades azules, pero todas azules. Las mariposas tenían alas brillantes y parecían bailar al compás de una música imaginaria. En su baile despedían chispas doradas. La niña estaba segura de que eran mágicas.
Acariciaba con su manita la tapa una y otra vez, hasta que por fin decidió adentrarse de nuevo en su historia.
Hablaba de una aldea pequeña, rodeada de campos de labranza, de pastos donde comían ovejas blancas e inmaculadas. De hierba que vacas rollizas masticaban con sus bocas una vez y otra. Vacas que daban la leche más rica que jamás se hubiese soñado. Y allí en medio de este paisaje natural y campesino, vivía una joven que andaba perdida siempre en sus fantasías de caballeros y doncellas, de amores y desencantos, de lágrimas perladas y sonrisas de nácar.
La niña se sentía identificada con la protagonista del libro. También ansiaba vivir aventuras, recorrer mundos, conocer damas hermosas y príncipes gallardos y altaneros a los que enamorar.
-¿Por qué te gusta tanto? Volvió a preguntarle la voz
-Pues porque es un mundo bonito, pacífico, natural, distinto…
-¿Acaso el tuyo no lo es?
-Pues en realidad no, es aburrido, muy aburrido…
-¿Las vacas y las ovejas son más divertidas?, le comentó la voz con algo de sorna.
-No…o sí. No, no lo son, pero estoy segura que después de todo saldrá un joven enamorado que quedará prendido de la belleza de la chica y al ser pobre, tendrán que luchar por su amor y…
-¡ Basta niña! Eso sólo son cuentos…
-¿Y qué hay de malo en soñar?
-Pues ni más ni menos que cuando dejas de hacerlo, caes de bruces en la cruda realidad…¿ te parece poco?...mejor no hacerlo…
-Me niego a perder mis sueños. No quiero arrastrarme por el mundo sin respirar imaginación, sin notar el aliento de las flores en mi rostro en un hermoso día de primavera, sin…bueno que más da…no lo entenderás por mucho que te lo explique…
Y se dispuso a leer sin más, pero con el rostro serio de persona contrariada.
No supo cuánto tiempo pasó, pero lo cierto es que al despertar, ( debió quedarse dormida) la noche estaba apareciendo con su negro vestido de terciopelo…
Se levantó y la sorpresa fue mayúscula al comprobar que estaba sentada al pie de un árbol en medio de lo que parecía un prado. La luz del día se estaba yendo a dormir y no podía discernir bien el entorno. Comenzaba a asustarse cuando una voz le dijo:
- Vamos niña es hora de irse a casa, cenar e intentar dormir. Por hoy ya ha habido bastante.
Se giró sorprendida, pues la voz era la de hacía un momento y sin embargo ahora la notaba con presencia. Tenía miedo de mirar la voz. Haciendo acopio de valor alzó sus grandes ojos y quedó maravillada al ver a ese ser andrógino que la miraba sonriente y burlón…
-¿No crees que hoy ya has utilizado bastante tu mente? ¿No crees que has dejado volar lo suficiente a tu inseparable imaginación? ahora vamos al castillo y mañana si quieres volverás a soñar con la niña del cuento mágico
No daba crédito a lo que oía, a lo que veía, a sus ropas…estaría dormida en su habitación hasta que su madre la llamase para ir al colegio. Sí seguro que era eso. Se sacudió a sí misma esperando con los ojos cerrados. Los abrió y…allí estaba él ¿o era ella?
-Anda sígueme. Déjate guiar y confía en mí y en…las mariposas…
-¿Qué mariposas?
-Mira a tu alrededor.
Miró como le había dicho. Sus ojos se llenaron de chispas doradas que desprendían multitud de mariposas de alas brillantes que parecían venir de un arco iris pintado de tonos azules. De fondo se escuchaba una música dulcísima. Y las mariposas revoloteaban a su alrededor…
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Publicado: 12 Mar 2008 3:58 pm
EL MUJERERO
Por: Ana María Jaramillo
Margarito Estrella huele a tortilla y a queso camembert, a tequila y a vino blanco, a chile y a pimienta verde. Tiene los ojos azules de un triste pasmado, el pelo ensortijado con haces de luz plateada. No cree en nadie; sin embargo es el más generoso amigo y anfitrión. Posee un gusto exquisito y lo que toca lo transforma en deliciosos manjares o en obras de arte.No se perdona los excesos aunque vive en ellos, ni resiste mujer alguna por más tiempo que el determinado por sus ganas de soledad. Dice tener una verga chiquita pero rinconera y no cree en teoría psiquiátrica distinta a la vergoterapia.
Es capaz de todo si le toca, pero le da una flojera...Le encantan las mujeres. Un día, no sabe cómo ni por qué, descubrió que las adoraba y con empeño y paciencia se dedicó analizarlas, a entender ese intrincado mundo de los no que son sí, de los deseos autocomplacidos, de secretos rincones donde jamás hombre alguno ha osado penetrar. Cuando conoce una mujer, Margarito Estrella se dedica a mimarla como si fuera una niña. Ellas van confiando en sus cuidados y poco a poco se convierten en juguetes eróticos. Las acomoda en posiciones increíbles, las acaricia como sólo él sabe hacerlo, les descubre sus mejores ángulos, indaga cada pedazo de su cuerpo y encuentra sus zonas de placer, les pregunta todo sobre sus vidas hasta conocer cada uno de sus secretos, de sus debilidades, de sus deseos, de sus fantasías.
Con amor y delicadeza, con decisión y energía las va convirtiendo en marionetas; las obliga a permanecer horas sobre su cuerpo y con toda su imaginación en marcha les va arrancando uno a uno los orgasmos hasta dejarlas exhaustas, luego las unge con bálsamo del tigre y las va durmiéndo al arrullo de su ahogada voz. Es cuando aprovecha para contemplarlas a sus anchas y descubrir cada una de sus cicatrices, de sus gestos, de sus defectos. Nunca las ama ni las odia más que en estos momentos: con el maquillaje corrido, la posición fetal del sueño, la expresión de calma en su boca, sus ligeros y asquerosos ronquiditos, la saliva que se va cargando de sabor amargo, el pelo revolcado y sudado, algunas uñas que han perdido un poco de esmalte, las orejas con perforaciones sin aretes, un pequeño grano en el culo, los dedos de los pies disparejos y con callos, la planta del pie áspera y reseca.
Entonces piensa en lo afortunado que es: ¡Que alivio! Mañana temprano se vestirá, se acercará lentamente, le dará un tierno beso y dejará una lacónica nota agradeciendo los favores recibidos. Si ellas dejaran, él podría arreglarlo todo. Sabría cómo vestirlas, cómo peinarlas; les contaría las uñas, les despintaría la boca; el abundante pelo, limpio y brillante, lo dejaría a los caprichos del aire. Les suprimiría el horrible olor a perfume y con un delicioso baño cargado de esencias de flores les dejaría limpio el cuerpo, para que exhale sus propios humores; con un lápiz muy negro acentuaría sus ojos, las vestiría de colores otoñales, desterraría el brasier para que las tetas se acomoden a su antojo y así poder calcular su peso.
Les quitaría mil palabras de la boca, les indicaría cuándo y de qué hablar y cuándo callar, les enseñaría lo inoportuno de una caricia y un beso cuando no se está listo para recibirlos.
Le gustaría poder matarles algo que no sabe qué es, pero por lo mucho que ha vivido y leído, él cree que algunos lo llaman “identidad” o tal vez “libre albedrío”, pero también podría llamarse “estupidez”. El sólo sabe que adora a las mujeres y las quiere ayudar.Cuando ellas se alejan de Margarito Estrella, una rara sensación las invade. Se sienten desaprovechadas; no hay en el mundo un hombre que las conozca mejor; ni siquiera el espejo refleja esa maravillosa imagen que Margarito Estrella logra devolverles.
Ellas quieren que él las desvista, las disfrace, las bañe, las jabone, las peine, las ame, les hable al oído, las ausculte, las critique, las desprecie. No desean que les mate nada y se defienden. Margarito estrella se enfurece y les mata todo. Con gesto borra el reflejo, con una palabra destruye el placer, y con el silencio entierra el putrefacto recuerdo que invade su alcoba. Margarito Estrella se refugia en la contemplación de la Vía Láctea hasta que otro proyecto de mujer cruza por el cielo.
Sonríe, se llena nuevamente de amor y reinicia su profesión de “Mujerero”.
Publicado por Marta Sepúlveda Góngora at 6:47 AM 6 comentarios
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Publicado: 13 Mar 2008 10:56 am
'Un arte nuevo: la telelimosna'
Cantizano con Ana María, en 'Tres deseos'. ANTENA 3
Ferran Monegal
En épocas muy antiguas y pretéritas, la gente virtuosa que gozaba de una buena situación económica solía practicar la caridad con un admirable sentido de la discreción. Se mantenían fieles al lema: que tu mano derecha no sepa lo que tu izquierda dona. Hoy en día, gracias a la tele, los pocos repuntes de caridad cristiana que la pequeña pantalla nos ofrece están envueltos siempre en la vistosidad y en la más absoluta ostentación de la limosna. Es el caso del nuevo programa que acaba de estrenar A-3 TV, Tres deseos, en donde Jaime Cantizano, Aitor Trigos y Eva González ejercen de estupendos Reyes Magos de Oriente, plantan su carpa en una localidad concreta (comenzaron con Barbate), y los vecinos pasan, y humildemente imploran deseos. El ejercicio es de una emotividad muy intensa, superior incluso a la de Esta casa era una ruina, programa muy similar a este. De los deseos concedidos y las limosnas escanciadas, destaquemos el caso de la madre, la esposa, y el hijo de uno de los pescadores desaparecidos en el naufragio del buque Nuevo Pepita Aurora, tremendo suceso ocurrido en septiembre del 2007. Esta familia quedó en una situación delicada, rozando la indigencia. Y el programa ha proporcionado trabajo para el hijo (Francisco) y una casa decente para la abuela (Manuela) y la viuda (Ana María). Naturalmente, la alegría de esta familia al entrar en su nuevo domicilio fue inmensa. Pero nada más franquear la puerta, el programa les había colocado, estratégicamente, un cuadro, una foto, del pescador desaparecido, circunstancia que motivó un profundo sentimiento. Lloraban desconsoladamente la suegra y su nuera, y Cantizano las abrazó con una ternura muy hermosa, y se consiguió una imagen de emoción muy potente. Y el pueblo de Barbate entero, y todos nosotros desde casa, asistimos, maravillados, al espléndido milagro limosnero de estos magníficos Reyes de Oriente de la tele. Hombre, desde el punto de vista de la familia del pescador desaparecido, el programa ha sido una lotería estupenda. Mientras vivan, estarán profundamente agradecidos a esta cadena. Mirada la limosna desde la óptica del virtuosismo clásico y cristiano, se advierte que la virtud de la discreción ha desaparecido por completo. Estamos ante un arte nuevo. Solo damos, si se enteran todos.
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Publicado: 14 Mar 2008 8:53 am
PALABRAS ENJAULADAS (Marinel)
Palabras calladas. Palabras que se quedan dentro sin salir al exterior. No quieren asomarse al balcón de nuestra boca. Se cobijan tímidas en nuestros aposentos húmedos, al calor de ese fuego rojo y palpitante.
Palabras que nunca se dijeron, que nunca se dirán, pero permanecen en nosotros.
Nos recordarán su presencia, su inequívoca existencia. Nos aguijonearán dolorosamente en ocasiones hasta el punto de querer gritarlas y hacerlas desaparecer. Querremos hacerlo aún a sabiendas de que es demasiado tarde, que el tiempo de esparcirlas en el aire…se perdió.
Pesarán en nuestro camino de manera abrumadora. Sin embargo nuestro poder de convicción amortiguará el peso plomizo de su estar.
Pensaremos de forma pasajera en ellas lamentándonos o quizá no, pero el pensamiento las traerá de paseo de cuando en cuando para mostrárnoslas y ellas, hermosas, nos sonreirán o puede que nos muestren una cara amarga, una mueca torcida de disgusto y malestar.
Sea de la manera que sea lo mejor es no retenerlas. No darles cabida, ni un hogar donde habitar. Lo ideal es dejar que todas las palabras fluyan como un torrente cristalino, dando rienda suelta a su significado, a su sentido, a sus formas intangibles pero palpables.
Hemos de dejar que la única jaula dorada de las palabras sea…el espacio infinito…
Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
André Gide
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Publicado: 15 Mar 2008 10:53 pm
CULITO DE RANA (PAT)
La inseguridad es algo muy curioso. Llevaba unos días sintiéndome a gusto en mi trabajo, porque el hecho de que me fueran saliendo bien las cosas me hacía estar crecida. Esta mañana he hecho una cagada. No conceptual sino técnica. Vaya, que apreté la tecla que no debía, y borré todo el trabajo de ayer. Quedando como una auténtica imbécil. Finalmente la cosa no fue tan grave. Pero cuando aún pensaba que sí lo era, me sentí del tamaño de un guisante. Y en ese estado verde, redondo y sobretodo pequeño y absurdo, pensé que hasta que no me salieran bien unas cuarenta cosas, no recuperaría la confianza, ni por tanto, mi tamaño original (que ya de por sí no está como para andar menguando).
Esta inseguridad es la clásica, la que es comprensible por todo el mundo, incluso por mí. Que llega de cuando en cuando, de la que cada vez conozco más el porqué, y que con tanta práctica, he ido desarrollando más eficaces maneras para echarla cuando aparece. Yo creo que evitarla para siempre es imposible.
La que no acabo de entender muy bien es esa otra inseguridad. La que llega cuando he hecho algo bien. Esa sí es curiosa. Por ejemplo: un día llego a casa por la noche, me siento a escribir y me sale un texto bueno. Qué coño bueno, me sale de puta madre. En el momento estoy satisfecha sin más. Pero pasa un rato y lo releo. ¿Y de verdad lo he escrito yo? Me siento orgullosa, he puesto mucho de mí en ese dichoso texto. Y encima pasan las horas y no sólo me ha gustado a mí, sino que ha tenido aceptación por otras personas. El no va a más. Porque no eran cosas mías en un momento pletórico, es que lo hice bien! Y eso es genial! Pero aunque no quiera todo se acaba. Y de pronto llega otra noche. Y me vuelvo a sentar frente al ordenador. Y me siento vacía. Coño, si ya lo di todo ayer. Hoy ya no me queda nada que dar. Hoy ya no voy a ser capaz. Lo de ayer no se va a repetir. Suerte, fue un golpe de suerte. Y me veo como una estafadora, y que además, seré señalada como estafadora. Para mayor escarnio.
Lo que de verdad para mi ha sido curioso, es saber que a otras personas también les pasa. A ver si te enteras que ni tú eres única en el mundo, ni lo son tampoco tus sentimientos.
No es algo que pase siempre, y cuando pase, ya sabes, Pat, despresuriza. Suelta lastre. No pasa nada. Puedes permitirte el lujo de decepcionarte, que parece que no te conoces, y ya sabes de sobra que no eres perfecta. Quita presión, sigue escribiendo, y confía. Que lo bueno que tienes, que lo tienes, si no sale hoy, saldrá otro día. Y sin haberlo preparado, me ha salido un pareado. Como el del sana sana y el culo de rana
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Publicado: 17 Mar 2008 8:25 am
CONTRASTES (Marinel)
La plaza estaba a rebosar. Aún no ha llegado la primavera, y sin embargo ya había personas vestidas con ropas veraniegas dejando que su piel se tostara con los rayos del luminoso sol. Otras tomaban refrescos en las cafeterías mientras charlaban de forma amistosa y relajada. Sonrisas y palabras. Multitud.
Las palomas acostumbradas a la presencia humana, se paseaban con parsimonia por todas partes. Picoteaban los restos de comida que encontraban a su paso. Se las notaba tranquilas, ufanas.
De repente una oleada de gente viene hacia mí. Voy a contra corriente. Todos van acelerados a encontrarse con el ruido impresionante de la mascletá. Yo, acabo de terminar las clases y paseo mirándolo todo y a todos. Sin prisa excesiva, pero sin perder demasiado tiempo. Una fallera pasa a mi lado, con su vestido pomposo, sus peinetas, sus moños trenzados y sus alhajas. Casi corre. Es evidente que llega tarde.
que los niños coman chucherías excesivamente, pero a estos dos les compro una bolsa de la tienda de golosinas de al lado. Imagino que no probarán muchas y unas pocas no perjudicarán su dentadura…
Me acerco con decisión y pongo en sus manitas los bocadillos y el agua. Les reparto las chuches y hago lo propio con la mujer. Mi sorpresa es mayúscula cuando la mujer me lo rechaza de un manotazo y su mirada abarcándome el rostro es de ¿rencor?¿ odio?. No me lo puedo creer, pero me recupero y dejando el bocadillo en el suelo le comento que por favor a los niños no se los quite, que tenga la misma piedad que ella pide…
Me marcho caminando lentamente. Noto el corazón pesado. Los ojos algo húmedos y no me puedo permitir esta debilidad. La vida es cruel. Los contrastes nos rodean. Felicidad y desdicha. Alegrías y penas. Todo se entremezcla y yo, no voy a solucionar nada por mucho que sienta, por mucho que me hiera, por mucho que duela el saberlo…
Prefiero no preguntarme a mí misma qué puedo hacer mejor…y con todo esto, se me ha esfumado la alegría... el día ya no me parece tan bonito…
La libertad sin igualdad es una hermosa palabra de claros acentos pero de escuálidos resultados.
Hubert h. Humphrey
"La pobreza hace ladrones y el amor poetas."
Proverbio chino.
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Publicado: 17 Mar 2008 12:28 pm
EL RINCÓN DE LOS AMANTES.
El pasado jueves por la tarde vi a una pareja de novios comiéndose a besos en el metro. Él apoyado sobre la gris pared de metal, ella controlando las aproximaciones y los besos. Ya los había visto antes, pero ese día me quedé mirándolos según me iba bajando la escalera mecánica.
Al poner el píe en el suelo inamovible de la estación, dejando en el olvido el peldaño que me había transportado, aquella escena me trajo a la memoria viejos recuerdos. Sentí la liberalización que ellos tenían y que se tiene en esos momentos. A ellos les da igual si la derecha hubiese ganado el pasado domingo las elecciones, ellos seguirían ahí. Si los vascos o catalanes se separan de España, ellos seguirían ahí. O si se cae una torre en cualquier punto de la ciudad, ellos seguirían ahí. No saben nada sobre la subida del pan o el pollo, están dentro de una burbuja trasparente que les impide tener conocimiento de lo que sucede alrededor, solo se afanan en compartir caricias y susurros. Ellos trabajan su amor en un lugar privado para ellos y público y atestado de gente para nosotros.
Entonces recordé los lugares privados que tuve. Quién de nosotros no guarda en su memoria esos sitios oscuros, ese rincón solitario, o ese banco o esa escalera. Sitios que, ahora, cuando pasas cerca de ellos te acuerdas y esbozas alguna sonrisa. Lugares por donde transitas con la pareja con la que un día compartisteis ese momento y la aprietas la mano o la haces una señal de complicidad. Zonas que pensabas que eran totalmente oscuras pero que no lo eran o que te parecían vacías y solitarias y son un ir y venir de personas. Como les sucede a esa pareja, eras ajeno a todo lo que te rodeaba.
Pasaran años y, cuando se baje él o ella del vagón camino de su trabajo, recordará ese sitio con nostalgia, con una pizca de vergüenza y pensando que, aquel rincón, fue su primera casa.
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Publicado: 18 Mar 2008 8:19 am
LA ARDILLA Marinel[/i]
La ardillita estaba resuelta a hacerlo. Hoy sería el gran día. Por fin saldría de su árbol a conocer otros. Sí, volaría como sus amigas de copa en copa, o de tronco en tronco. Brincaría entre otras ramas que no fueran las de siempre. ¿ Quién sabe si entre salto y salto podría tropezarse con la ardilla amada?. !Oh! la ardilla de sus sueños…esa que tenía el pelaje tan meloso, que al caer los rayos de sol sobre ella, parecía dorada.
La amaba en silencio desde su cobijo. Él, era una ardilla macho y no podía ni quería quedarse sin el amor de su vida. Sentía un miedo terrible a dejar la seguridad de su hogar, el verde de sus hojas, los huecos de su tronco. Conocía cada recoveco, cada señal, cada insecto…era su casa…
Veía con envidia como todas las demás bajaban y subían, saltaban extendiendo su cuerpo como mantitas al viento y volaban a otros árboles, donde se comunicaban mientras sus manitas comían con fruición los frutos secos que tanto adoraban.
Pero hoy daría el gran salto. Se lanzaría al vacío con su cuerpo plano y llegaría al gran árbol. Allí se presentaría de manera formal a la ardilla de sus sueños. Ella que tantas veces había pasado por su árbol sin detenerse, en busca de otros horizontes verdes, siempre seguida por otras que como ella iban a la búsqueda de aventuras.
Sintió un resquemor interno. Supo que era rabia por pasar desapercibida para la bella compañera anhelada. Ella, se sentía herida en su masculinidad y así, permanecía oculta en su agujero mirándola pasar, grácil, ligera.
Sin embargo…eso se acabó. Había decidido que con los primeros rayos de sol lo haría y no daría marcha atrás. La conquista debía comenzar, y para ello, el miedo debía quedarse en casa. Se sacudió como si con ello se lo quitara de encima y miró al árbol de al lado. Estaba relativamente cerca, seguro que no era para tanto. Un largo dedo del rey ardiente tocó su carita minúscula y supo que el momento había llegado.
Subió a la rama más alta, miró el horizonte, respiró profundamente y se lanzó con los ojos cerrados. Sabía perfectamente dónde estaban las ramas en las que debía posarse. Lo había calculado todo hasta la saciedad, pero la realidad podía ser diferente. Pensaba en todo ello, mientras una suave brisa la envolvía. Notó algo duro. Un golpe seco que dolió, pero sentía pánico a abrir los ojos.
Una vocecilla agradable, que indudablemente comía, le dijo:
- Sin los ojos abiertos ¿como esperabas aterrizar bien?. Los ojos hay que abrirlos siempre y más la primera vez.
- Ya…pero, es que…sentía miedo. Dijo toda avergonzada.
- ¿Y quién no? Todas sentimos miedo al principio, pero luego es como todo…
La ardillita por fin abrió sus ojitos y vio una figura aureolada que parecía venir directamente del sol. Era su amada.
-¿Tú también sentiste miedo?, se atrevió a preguntar.
-¡¡¡Pues claro!!! y no poco. Pero la recompensa es más valiosa que el miedo que pudiera sentir. Lo comprobé, naturalmente, cuando lo perdí.
- Pues yo aún lo siento…debo ser diferente. Sí lo sé, lo soy…
-¡Pues claro que lo eres!, por eso llevo tanto tiempo esperándote. Pasaba a diario por tu hermoso árbol. Es el más cuidado, el más verde. Es en el que los insectos se encuentran más a gusto. A todas nos encanta tu casa. Todas sentíamos envidia hacia ti sin atrevernos a decírtelo. Muchas querían ser tu pareja y vivir contigo… a mí, además, me gustabas tanto que me dolía. Pero pensaba que te reirías si te lo decía. Me ha costado mucho decidirme y hoy era el gran día. Ya está dicho.
La ardillita no daba crédito a lo que oía. Toda una vida sufriendo envidia. Toda una eternidad decidiendo cómo y cuándo lo haría. Cuando se relacionaría con normalidad, cuando le hablaría de su amor. Tantos deseos de conocer más allá de su copa, que jamás pensó que a las demás les pudiera ocurrir lo mismo.
Su amada ardilla de oro la miraba tímidamente, como avergonzada de su reciente declaración.
Entonces la ardilla miedosa, cogió con decisión la manita de su amada. Subieron a la rama más elevada, se miraron, y juntas se lanzaron al vacío en dirección a su árbol. El más cuidado, el más verde, el que amaban los insectos y anhelaban las demás…
La cobardía es el miedo consentido; el valor es el miedo dominado.
Ernest W. Lecouvé.
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Publicado: 20 Mar 2008 11:19 pm
PATRICIA Pat
Ese es mi nombre. No sé cómo me habría gustado llamarme, pero lo cierto es que concretamente Patricia no me gustaba. Es frío. Hierático. Altivo, incluso.
Cuando era pequeña tiraba más bien a la redondez. Para mis familia estaba estupenda. No estás gorda, estás llenita, me decían mis tías. El otro día mi abuela "pues veo también mejor a Rubén, ahora que está un poco más grueso". Abuela, ¿me quieres decir exactamente a qué te refieres con también? El caso es que mi madre nunca nos comparaba bollos, y de merienda para el colegio nos ponía medio sandwich con pavo o jamón cocido. Pero cuando mi abuela venía a vernos nos traía siempre algún dulce, que para eso están los abuelos. Ese día fueron esos bollitos de círculo rojo de Bimbo que están tan buenos, pero que son chiquitines. Y en el recreo llevaba uno de ellos de merienda, como un gran tesoro. El caso es que según lo estaba desenvolviendo, Pablo M., un niño de mi clase, me pidió un trozo. Y a mí siempre me ha costado decir que no. Así que con todo el dolor de mi corazón, partí la mitad de mi bollito y se lo dí.
Pocos días después, en clase estábamos viendo el Imperio Romano. Y la profesora se puso a explicar que los patricios era los nobles en Roma. Rápidamente saltó Pablo M. "Es cierto, Patricia es muy noble, me dio la mitad de su bollito." Me puse roja de vergüenza. Lo primero porque como siempre, me chirrió el escuchar mi nombre. Lo segundo porque se lo había dado, pero no sabía él con cuánta pena, cosa que a mi juicio le quitaba al acto toda nobleza. Y lo tercero, fue vergüenza, pero ajena, porque no sabía muy bien si el chico quería responder a mi gesto a toda costa, o porque no se habíen enterado de qué clase de nobleza se refería la profe. Que era a la de clase. Que no era para mí un motivo de orgullo, sino más bien algo circunstancial y carente de mérito cuando el serlo o no dependiera del vientre del que a uno le hubiera tocado nacer.